Tal vez se nos haya hecho tarde alguna vez, a una primera cita, a un primer beso, a decir un te quiero cuando lo sientes en el corazón pero tienes miedo. Tal vez llevemos como marca personal la imperfección, pero eso nos hace perfectos ante unos ojos amantes de lo abstracto. Tal vez seamos de buscar al amor perfecto después del primer polvo y el segundo café, cuando nada es para siempre, somos efímeros en un mundo que va sin frenos, con prisa y sin ver, es ciego ante los hechos, las promesas cumplidas y los momentos únicos que nos da cada día la vida. Quizás valoramos más una silueta que una mirada limpia y sincera, quizás nos dejamos llevar por el que dirán y no por las sonrisas, quizás armamos la coraza en vez de bajar la guardia cuando alguien te abraza sin pedirlo cuando, sin saberlo, más te hace falta. Somos alimento perecedero de supermercado, nos dejamos matar y a veces buscamos morir solos sin luchar por lo que nos mueve y amamos. Nos ponemos fecha de caducidad cuando tenemos la posibilidad de ser eternos bajo el pecho de alguien. Somos efímeros, no vemos más allá de las caídas y fracasos sin intentar vivir sin temor y sin callarnos los te quiero, ante la sublime segunda oportunidad que te da la vida después de cada buen o mal instante de volver a respirar, seguir caminando hacia delante, darte la elección de no volver a mirar hacia detrás y de con luz propia, ante la oscuridad, brillar.
El tiempo se para cuando mueren los miedos y pierde la desgana.
Apuesta siempre por el hoy y olvídate de pensar y querer vivir en el mañana.

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